Tengo miedo, miedo de meterme en la cama y no despertar. O peor aun, meterme en la cama y que no estés ahí esperándome. O peor aún, que si que estés. Que me mires con esos ojos de perrito degollado, y me sonrías con tu mejor cara de Dani el Travieso. Miedo de acostumbrarme a ti, y que un día ya no estés.
Que te vayas, que dejes de quererme. Que te olvides de todas esas cosas que nunca te dije, pero que te gritaba en cada mirada y cada medio sonrisa forzada. En cada abrazo interminable, y cada beso que no te di.
Que te olvides de mí.
Palabras sin querer, deseando ser leídas
sábado, 25 de enero de 2014
lunes, 16 de septiembre de 2013
Esa otra voz, no con la que hablas, sino con la que piensas.
"Es con esa voz con la que me gustaría estar charlando ahora. Podrías contarme cualquier cosa, como por ejemplo todo aquello que te asusta o te crea ansiedad pero que no puedes decir en alto, porque si no es la misma lógica del lenguaje la que lo destruye, es la mirada del interlocutor, cualquiera, hasta el más comprensivo, la que que hace que todo deje de tener sentido. Así que no puedes hablar de ello, es absurdo. Pero sigue ahí.
Podemos hablar de tus secretos, de las cosas que deseas, pero no te atreves a reconocer porque no estaría bien. Sólo con que pienses en ellas me las estás contando. ¿No te sientes mejor? Además, aunque te escucho con toda mi atención, la verdad es que no puedo oírte. Sigues a salvo.
Me quedaría aquí charlando contigo, en estas líneas, indefinidamente, pero éste no es el momento ni el lugar. Esto es un blog y ¿no ves a toda esa gente entrando y saliendo? Puede que nos reencontremos en un libro, al fin solos, pero entonces estaré disfrazada de narrador o personaje ¿me reconocerás? No tenemos más remedio que despedirnos ya. Y la próxima vez que volvamos a vernos, en otro post, en otro texto, haremos como si nada."
De por qué.
viernes, 12 de abril de 2013
For dreamers.
Y ahora te escribo, mientras escucho tu canción. Porque desearía estar enganchada a ti, diciendo tantas cosas sin abrir la boca. Observando cada lunar de tu cuerpo, sin estar a centímetros de ti. Y ahora te escribo, porque no te puedo tener. Faltan horas para soñarte todo lo que quisiera, pero sobran horas de creerte. Faltan mentiras, pero sobran palabras bonitas. Y ahora te escribo, porque no tengo el valor de gritarte. Te escribo con la esperanza de que un día deje de escribirte.
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