miércoles, 17 de noviembre de 2010

Había una vez un niño que tenía muy mal carácter. Un día su padre le dio una bolsa con clavos y le dijo que cada vez que perdiera la calma debía clavar un clavo en la cerca de atrás de la casa.

El primer día el niño clavó 37 clavos en la cerca, pero poco a poco fue calmándose porque descubrió que era mucho mas fácil controlar su carácter que clavar los clavos en la cerca. Finalmente llegó el día en que el muchacho no perdió la calma para nada y se lo dijo a su padre. Entonces el padre sugirió al hijo que por cada día que controlara su carácter debía sacar un clavo de la cerca. Los días pasaron y el jóven pudo finalmente decirle a su padre que ya había sacado todos los clavos de la cerca. El padre llevo de la mano a su hijo a la cerca de atrás y le dijo: - Mira hijo, has hecho bien, pero fijate en todos los agujeros que quedaron en la cerca. Ya la cerca nunca será la misma de antes. Cuando dices o haces cosas con coraje, dejas una cicatriz como este agujero en la cerca. Es como meterle un cuchillo a alguien que aunque lo vuelvas a sacar la herida ya quedo hecha. No importa cuántas veces pidas perdón, la herida está allí; y una herida física es igual de grave que una herida verbal.

Jamás quise clavar clavos en tu cerca...

viernes, 12 de noviembre de 2010

Ya no huelo a nadie cuando llego a casa. Tengo frío, y por muchas capas de ropa que me ponga sigo sintiendo escalofríos. De pie en la parada de autobús analizo todos y cada uno de los coches que pasan. Me sobresalto cada vez que uno de ellos pita o da las luces. Sigo esperando que seas tú, aún tengo la esperanza de que me llames y me digas que vienes por mí. Y que luego me hagas volver nadando a casa, porque te he encontrado las cosquillas.
Háblame del coche que me hace falta, quéjate de tus dolores, y trátame como si fuera tuya desde siempre.


Still havent't found my true love...