lunes, 16 de septiembre de 2013

Esa otra voz, no con la que hablas, sino con la que piensas.




"Es con esa voz con la que me gustaría estar charlando ahora. Podrías contarme cualquier cosa, como por ejemplo todo aquello que te asusta o te crea ansiedad pero que no puedes decir en alto, porque si no es la misma lógica del lenguaje la que lo destruye, es la mirada del interlocutor, cualquiera, hasta el más comprensivo, la que que hace que todo deje de tener sentido. Así que no puedes hablar de ello, es absurdo. Pero sigue ahí.


Podemos hablar de tus secretos, de las cosas que deseas, pero no te atreves a reconocer porque no estaría bien. Sólo con que pienses en ellas me las estás contando. ¿No te sientes mejor? Además, aunque te escucho con toda mi atención, la verdad es que no puedo oírte. Sigues a salvo.


Me quedaría aquí charlando contigo, en estas líneas, indefinidamente, pero éste no es el momento ni el lugar. Esto es un blog y ¿no ves a toda esa gente entrando y saliendo? Puede que nos reencontremos en un libro, al fin solos, pero entonces estaré disfrazada de narrador o personaje ¿me reconocerás? No tenemos más remedio que despedirnos ya. Y la próxima vez que volvamos a vernos, en otro post, en otro texto, haremos como si nada."



De por qué.