Sensaciones inesperadas, emociones salvajes, sin control, me asombran, me descubren, me asustan...
Miradas esquivas, de reojo, mal disimuladas, de miedo, de vergüenza, de culpa. Y de repente, una mirada se sostiene, segundos que parecen horas. Y esas miradas esquivas, de reojo, se convierten en miradas intensas, sostenidas, que hablan, que dicen, que cuentan aquello que nuestras bocas no atreven a decir, aquello que el miedo retiene en la garganta, se aferra y no sale, lucha contra el deseo de ser gritado al viento, a la cara.
Y de repente, una sonrisa.