Uñas rojas rasgando papel, papeles desordenados sobre la mesa. Escritos sin valor que algún día fueron importantes, o lo serán.
Una pintada en la pared, convirtiendo una historia en eterna. Suspiros soñadores, y miradas envidiosas, queriendo ser el inventor, o la agradecida.
Una mirada que se sostiene durante un segundo, transmitiendo millones de palabras imposibles de pronunciar. Una historia que empieza y otra que acaba.
me encanta tu blog, te sigo :)
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